GRANADA: EL EMBRUJO NAZARÍ
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Granada ha sido siempre una de nuestras ciudades favoritas en España, y no es solo por su famosa Alhambra. Desde hace casi veinte años, cuando nos enamoramos de esta ciudad, hemos vuelto una y otra vez, descubriendo nuevos detalles, rincones secretos y experiencias únicas en cada visita. Con el tiempo, creemos haber llegado a conocer Granada desde dentro, y ahora queremos compartir contigo un itinerario para conocer la auténtica esencia de Granada en dos días.
En nuestra propuesta, el primer día lo dedicarás a los imprescindibles: una mañana en la Alhambra que siempre nos deja boquiabiertos, seguida por una tarde recorriendo el Albaicín, ese barrio donde perderse por callejones empedrados siempre tiene algo de mágico. Terminarás el primer día en Sacromonte, nuestro lugar favorito al atardecer. Ver el sol ponerse sobre las cuevas mientras se escucha el sonido del flamenco es una experiencia que nunca nos cansa.
El segundo día, sin prisas, te llevará a conocer otras facetas de Granada. Empezarás en el corazón de la ciudad, explorando la monumental Catedral y la Capilla Real, pero también dedicarás tiempo a los bares de tapas donde los granadinos de toda la vida se reúnen y los auténticos baños árabes donde podrás relajarte después de un día intenso.
Tu primera jornada en Granada debe centrarse en La Alhambra, joya arquitectónica indiscutible, y los barrios con más carácter y autenticidad: Albaicín y Sacromonte. A continuación, te detallamos las paradas imprescindibles para aprovechar al máximo tu día.
La Alhambra
Aunque Granada guarda muchas otras joyas, la Alhambra es, sin duda, su tesoro más singular, y explorar todos sus rincones requiere su tiempo. La hemos visitado varias veces, pero siempre nos deja sin palabras.
La Alhambra es el ejemplo más impresionante de la arquitectura árabe en la península ibérica. Este palacio, donde vivieron los reyes nazaríes desde el siglo XII hasta la reconquista de Granada en 1492, es un lugar de ensueño, y al visitarlo, te sentirás dentro de un cuento de hadas. Los lugares más destacables dentro del palacio son la Alcazaba (la ciudad amurallada), los Palacios Nazaríes, y el Patio de Los Leones (el lugar probablemente más fotografiado del conjunto), así como los maravillosos jardines del Generalife y el Palacio de Carlos V.
Además de visitar los principales monumentos dentro del conjunto, merece la pena simplemente pasear por sus mezquitas, jardines, fuentes, y patios, admirando sus fachadas y azulejos, dedicándole un día entero.
¡Ojo! La Alhambra no solo es la atracción principal que visitar en Granada, sino también el monumento más visitado de toda España. Es primordial reservar tu plaza con antelación y no solo en temporada alta.
Albaicín
Después de deleitarte con cada momento en la majestuosa Alhambra, te sugerimos dedicar la mayor parte del primer día a explorar el Albaicín, el antiguo barrio árabe de la ciudad. Este rincón es un auténtico laberinto de calles empinadas y sinuosas con casas blancas y sus impresionantes “cármenes“ adornadas con flores de buganvillas. Perderte por estas calles adoquinadas, impregnadas de aromas y envueltas en música de guitarra, ofrece una experiencia romántica incomparable.
Después del paseo, nada mejor que disfrutar de uno de los placeres de Granada, toca tomar una cañita y deleitarse con uno de los pinchos que te ponen como acompañamiento, que en algunos casos dudo por que los llaman pinchos, porque son tamaño bocadillo, además con la segunda caña, te lo cambian y hasta te dejan elegir: pinchos de arroz con carne, de carne mechada, hamburguesas o un plato de pescaito frito.
El Sacromonte
Otro barrio con encanto y autenticidad, original del siglo XIV cuando grupos de musulmanes, judíos y los nómadas gitanos comenzaron a ocupar las cuevas situadas en las laderas de un cerro, escapando del control administrativo con sus casas típicas andaluzas encaladas en un blanco impoluto, sus flores de colores y sus raíces gitanas y flamencas. Buscad las casas-cueva y los tablaos de flamenco, y acercaros hasta la abadía de Sacromonte, un templo de finales del siglo XVI que maravilla por las cuevas y por su colección de libros plúmbeos (223 planchas circulares de plomo grabadas con dibujos indescifrables y textos en latín y en extraños caracteres árabes).
La Granada de Federico García Lorca
El poeta español más traducido de todos los tiempos, Federico García Lorca, nació en el corazón de la vega de Granada, en Fuente Vaqueros, a orillas del río Genil con sus rumores de agua que riegan extensas alamedas y sombras que se esconden en los chozones, secaderos de tabaco. Estas tierras fueron el escenario del niño Federico, y ya en Granada, en la huerta de San Vicente, del poeta adolescente. Lorca fue feliz en donde anidaba "el viento verde”, que años más tarde pasó a ser el refugio del miedo hasta que en una madrugada, mirando a las estrellas, la rosa roja de su camisa blanca se agrandó hasta quedar sepultada bajo las raíces de un olivo.
Es una tierra llana y fértil, regada por el río Genil, que baja sus aguas de los veneros de Sierra Nevada. Primera visita, Fuente Vaqueros donde naciera el poeta. Se puede ver su casa, hoy un atractivo museo con enseres de su niñez. Valderrubio (entonces llamado Asquerosa) es el otro pueblo donde transcurrió la vida de Federico. De este blanco pueblo tomó la tragedia rural en lo que sería La casa de Bernarda Alba. El agua es la vida de estas fértiles tierras. Paseando a orillas del río Genil, imagen que aflora con fuerza en El romancero gitano, y por el cortijo Daimuz, en las proximidades de Láchar, se recupera la infancia del poeta, llena de imágenes de pastores, campo y cielo abierto, tan presente en su obra.
La familia Lorca llega a Granada y se instala a orillas del río Darro, con la cercanía de las colinas del Albaicín, Sacromonte, La Alhambra, y poco después se instalan en un palacete de la Acera del Casino, en las proximidades de la Basílica de la Virgen de las Angustias (S. XVII). Por esta residencia empiezan a pasar artistas, poetas e intelectuales, entre ellos Manuel de Falla, que tiene un carmen en las cercanías.
Es en el café Alameda (actual restaurante Chikito), en la plaza del Campillo, donde Federico mantiene unas tertulias literarias y donde leyó sus primeros poemas. Y en el Teatro Cervantes hace verbo y realidad su amor a Mariana Pineda con la obra que lleva su nombre. En la plaza Mariana Pineda una estatua inmortaliza el recuerdo de la heroína de la libertad.
Federico amaba atravesar la puerta de Elvira y adentrarse por las callejuelas del Barrio de los Halconeros, hasta llegar a la Plaza Larga. Subía al mirador de San Nicolás para descansar y vagar con su mirada y poderosa imaginación por los edificios rojos de La Alhambra, dormida en el horizonte. Morisca, judía, cristiana, tres religiones se dan la mano en este símbolo de libertad que fue Granada. Por la calle de En medio, Lorca subía hasta la Abadía del Sacromonte (s. XVI) para después bajar por el camino, con sus cuevas, hasta llegar a la Alameda de los Tristes, paseo de poetas que encaminaban sus pasos hasta la Fuente del Avellano, cenáculo de la cofradía literaria del XIX que lideraba Ángel Ganivet.
Como punto y final, si decides visitar Granada y su embrujo, te perderás entre siglos de historia, legado de cultura cristiana, judía y árabe, entre sus calles encontrarás infinidad de bares y tabernas, donde degustar su rica gastronomía, destacando sus contundentes y elaboradas tapas; así como adentrarte en una de sus innumerables teterías, y saborear el aroma a otra época.
Por: Pedro González
Material recopilado en la web
